Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
lunes, 1 de junio de 2009
Tardes.
Estabas seria. Y no me gusta que estés así, siempre hago lo posible para evitarlo, y lo sabes. Te digo que te pongas sobre mí, accedes sin decir nada, y me cuentas lo que te pasa. Sigo pensando que no deberías estar mal por ello, así que te abrazo con fuerza. No dices nada. Simplemente estás ahí, ausente, callada... de repente, no sé porqué, pero te giras y te quedas mirándome. Estás como... triste. Me miras los labios, y me besas. No sé cómo tengo que reaccionar, aún así te devuelvo el beso. Empezamos a besarnos sin parar, sin mediar palabra. Sólo el silencio comparte el sonido de nuestros besos en la habitación. Tu respiración se acelera, la mía te sigue, y de tu boca empiezan a surgir sonidos que me vuelven loco. Es normal, al estar sobre mi cuerpo debes estar notando algo. Me encanta, cada vez te aceleras más y más... aunque sigues sin decirme nada, sólo besándome con ganas, como si nunca más pudieses volver a hacerlo, tienes ganas de mí y yo tengo ganas de ti... tengo ganas de sentir tu lengua en mi boca o sobre mis labios, sin dejar que te bese, jugando conmigo. No contaré cómo siguió la tarde (porque creo que se puede suponer), aún así, sólo digo que muchas veces, el silencio expresa mucho más que todas las palabras del mundo.
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