Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

miércoles, 3 de junio de 2009

Pañuelo.

Cojo un pañuelo morado, sé que te gusta el color. Estás desnuda sobre mi cama; aquello de que fueses mi esclava no se quedó en una simple tontería. Te digo que dejes las manos detrás de la espalda, y te ato el pañuelo sin apretar demasiado, para que no te haga daño. Me miras, esbozas una sonrisa, te la devuelvo. Me acerco un poco más a la cama en la que estás tumbada, y agarro tus piernas. Te miro, y empiezo a entrar dentro de ti, poco a poco. El choque de nuestras caderas es lento, muy lento, y el único sonido que se oye es tu respiración agitada, tus suspiros ahogados, el roce de nuestros cuerpos. Acaricio tus piernas, me gusta tu suave piel, parece nieve que se derrite bajo mis manos. Mis labios, completamente callados, sólo pueden desear fundirse con los tuyos. Freno, y me poso sobre ti, con mucho cuidado. Te quito el pañuelo y te abrazo, quiero perderme, quiero perder mi cuerpo en tu cuerpo, quiero seguir notando cómo te estremeces entre mis brazos, quiero seguir notando la humedad que desprendes... y así, continúo lentamente, mientras el silencio intenta escapar, dejando lugar al cariño que invade por completo toda la habitación..

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