Iba caminando y lo pensaba. Quería felicitarte de alguna manera especial, mas no se me ocurría nada. La lluvia me estaba bloqueando los pensamientos, empapándolos, y eso no es algo que juegue a mi favor. Cogía tu mano, y notaba las gotas deslizándose entre ellas. Caminabas feliz, te gusta la lluvia, te gustan las tormentas. Muchas veces me he preguntado qué tipo de tormentas.
Te comento que deberíamos ir un poco más rápido, aunque no veo en ti ninguna intención de acelerar. A punto de llegar, siento la ropa pegada a mi cuerpo, y te miro. No soy el único, y eso es más interesante en ti que en mí. Saco las llaves, abro el portal, y entramos. Siento una presión en el pecho extraña, y no puedo evitar guiar mi mirada hacia tu cuerpo. Parece que a la tuya le pasa lo mismo. Subimos, abro la puerta, te invito a pasar, y ya dentro me quito la camisa, secándome el pelo con ella. Me observas, callada, con algunas gotas sobre tu rostro, procedentes de tu pelo. Lo pienso, y me gusta verte empapada. Cojo tu mano, y te llevo hacia la habitación. Te sientas sobre mi cama mientras yo busco algo de ropa en el armario, o más que en el armario, en mi selva botánica particular.
Después de revolver y revolver, siento tus manos pegadas a mi pecho, tus labios en mi espalda, tu cuerpo junto al mío. Me giro, y clavo mis ojos en los tuyos. Con una mano, acerco tu cintura a la mía, y con la otra te quito la camiseta. La lanzo lejos, muy lejos, no quiero saber nada de ella. Te miro, estás de pie, esperándome. Me agacho hasta ponerme a la altura de tu tripa, y te beso una y otra vez, bajando mis labios hasta que acaban rozando la tela de tus pantalones. Los desabrocho, y empiezo a bajarlos, mirando tus piernas, besándolas, acariciándolas. Me levanto un poco, y caminamos hasta la cama. Me tumbo y te pones sobre mí, tu pelo cayendo sobre mi pecho, frío. Tus labios buscando a mis labios.
Mírame. Tengo hambre, dame tus labios, dame tu cuerpo, quiero tenerlo todo de ti.
Pasas tu lengua por mi pecho, bajando, hasta que llegas a la cremallera de mi pantalón. Desde ahí, me mandas una mirada lasciva... me deseas, deseas que esté en tu interior, deseas que me corra dentro de ti. Yo también lo deseo, ya lo sabes.
Me bajas los pantalones, y vuelves a ponerte sobre mí. Me encanta sentirte ahí, sobre mi cuerpo. Mis besos desnudan tu cuello, blanco, suave, mientras mis manos te desabrochan el sujetador. Tienes los pezones duros, ahí está la ventaja de los días fríos. Me pego a ti, tus pechos junto a mi pecho, es una sensación de éxtasis, es una locura.
Mírame. Quiero dártelo todo, quiero que te vuelvas loca, quiero que pierdas el control junto a mí, quiero sentir tu humedad. Quiero jugar.
Con esto y sólo con esto, queda más clara la diferencia entre hacer el amor y follar. Por cierto, felicidades.
Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
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