Coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

lunes, 1 de junio de 2009

Ascensores.

Estás apoyada en la pared, tus piernas a mi alrededor, mis manos sujetándote. Pulsamos el botón de stop del ascensor, todo estaba perfectamente planeado, lo dejamos casi en la planta más alta, entre la puerta del último piso y el penúltimo. Habíamos colgado carteles de "no funciona" en cada puerta, todo era tan peligroso, que causaba una tremenda sensación de diversión.
Tus manos están alrededor de mi cuello, y me miras con un brillo especial en los ojos. Te muerdes el labio inferior, sonríes. Voy entrando dentro de ti poco a poco, mientras mi lengua recorre tu hombro izquierdo. Acelero, y empiezan a surgir gemidos de tu boca. Te sonrío, y sé que te encanta esa cara de pillo que tengo, como tú dices. Bajo mi lengua hacia tus pechos y empiezo a lamerlos, tus manos se aferran a mi espalda. Te miro, tienes los ojos cerrados, y sigues mordiéndote el labio, ahora con más fuerza. Fuera se oyen voces, voces que proceden de algún piso inferior. Alargo el brazo, y mantengo el botón de stop del ascensor, consiguiendo así que, aunque picaran, no obtuvieran ninguna señal de vida. Vuelvo a acelerar, y tus gemidos cobran fuerza, se mezclan y se funden con los míos, gritas, y ya no se oyen esas voces, sólo tus gritos. Cuando llega el momento, clavas tus ojos en los míos, apoyo por un momento mi cabeza sobre tu pecho, escuchando tus latidos, y tus manos se aferran con más fuerza a mi espalda, mientras tu boca deja escapar un largo gemido.

Después de aquello, nos vestimos, nos besamos, pulsamos el botón de la última planta y vamos bajando por las escaleras, quitando los carteles de cada puerta del ascensor. Mi mano está entrelazada con la tuya, y bajamos entre risas y miradas de complicidad. En el rellano del bloque, te acorralo contra la pared, y te miro. Tus mejillas están rojas, tu pelo está empapado, y a pesar de ello, me sigues pareciendo una niña buena. Me miras seria, fijas tus ojos en mis labios, y empiezas a besarme como nunca, con pasión, con ternura, con algo que me hipnotiza y me paraliza totalmente. Te acercas a mi oído, y me susurras: "Hay que repetir esto...".

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